Había una vez, hace mucho tiempo, cuando no existían los cuentos infantiles y los niños no temían al lobo feroz ni llevaban miguitas al adentrarse en los bosques, una casa sobre una pequeña colina. La colina era conocida como el Alto del Cuervo, y era posiblemente la elevación más simple, aburrida y anodina de toda la comarca de Reino Chico. En la casa, ni muy vieja ni muy nueva, no demasiado oscura pero tampoco luminosa, vivía una anciana que no estaba encorvada y que no poseía poderes más allá de la inteligencia y su propia labia.
Aunque la mujer se llamaba Dolores Llamas, todos le decían la vieja Lola, y a veces, cuando bajaba a la fuente del pueblo y se sentaba en el muro, cerca de donde las jóvenes iban a llenar sus cántaros, los de mayor edad salían y se colocaban alrededor de ella, siempre procurando que los pequeños andasen lejos. Porque en aquel entonces los cuentos de niños...
...no eran para niños.